Hoy tuvimos hora de tecnología en el cole y nos llevaron al aula de ordenadores. La profesora nos pidió entrar en Tinkercad y nos enseñó lo básico: crear formas, rotarlas, moverlas en los tres ejes.
Nunca había usado algo así.
El primer ejercicio
Era sencillo: meter un rombo dentro de un cubo. Parece una tontería, pero cuando empiezas desde cero, mover el rombo para que entre justo en el sitio, ajustarlo, girarlo un poco para que caiga donde quieres... es menos obvio de lo que parece.
Lo hice y salió. El cubo con el rombo dentro.
Lo que me llamó la atención
Casi toda la mañana en el cole hacemos cosas que ya están hechas. Haces un ejercicio de mates que ya tiene una solución. Lees un texto que alguien escribió. Contestas una pregunta que alguien inventó antes.
Esto era al revés. No había un cubo en mi mesa. No existía hasta que yo lo puse en la pantalla.
Sonará pequeño. Pero me parece la primera vez que una clase me pide crear algo que no existe, en vez de repetir algo que ya existía.
Lo de imprimir en 3D
La profesora dijo que más adelante íbamos a pasar los modelos a una impresora 3D. Eso me puso bastante.
Que algo que yo dibujo en un ordenador salga como una pieza física, de plástico, que puedo coger con la mano. Todavía no entiendo del todo cómo funciona, pero suena a pequeño milagro.
Lo que me llevo
Aún estamos empezando. De momento solo sé rotar cubos y meter rombos dentro. Pero si en una semana ya hago eso, me pregunto qué haré dentro de un mes.
Y una cosa más: me mola crear. No sé explicarlo bien. Pintar algo en una pantalla que antes no estaba ahí me pone de buen humor. Si encima luego puedo tenerlo en la mano, ya ni te cuento.
Hay herramientas que aprender a usar te cambian lo que puedes hacer — como las palabras que se me pegan viendo trabajar a mi padre. Tinkercad creo que es otra de esas. Cuanto antes las conoces, más tiempo tienes para usarlas.